agosto 24 del 2014
lECTURA #1 III pARCIAL
La metáfora del coyote
y el corre caminos
Cuando era un niño de
unos 6 años aproximadamente, mi viejo me puso dos sobrenombres inspirados en mi
afición a un programa de televisión y a una característica física mía. Uno de
ellos era correcaminos, inspirado en una de mis caricaturas favoritas. Para mí
era interesante ver noche a noche como la fuerza de voluntad superaba la falta
de inteligencia, de suerte y de puntería del Coyote. No importaba el carisma
que este personaje tenía, nunca lograba su objetivo. Ese carisma de hecho,
hacía que yo secretamente hiciera porras y deseara que algún día capturara al
bendito correcaminos. Por ahí surgió un mito, que nunca comprobé, que hubo un
capítulo en el que finalmente logra acorralar al ave corredora en una cueva y
que ahí se la come. No sé si eso fue cierto.
A qué viene este cuento? Pues bueno, ahora con mis 20
tantos encima, con un recuerdo que ya no recuerdo tanto acerca de ese
sobrenombre cariñoso utilizado por mi viejo y con la inocencia pidiendo pelo
porque ya casi no existe en mi vida, volví a ver ese programa que tanto me
gustó en mi infancia. Miraba y me preguntaba cómo el coyote conseguía tanto
pisto para conseguir tantos artefactos defectuosos de la compañía ACME. Al
mismo tiempo me preguntaba cómo es que nunca solicitó reembolso, nunca hizo un
solo reclamo a la empresa, nunca lo recompensaron por ser cliente frecuente (ni
siquiera le ofrecieron una tarjeta de cliente distinguido o algo así).
Luego, inmerso como cualquier otro guatemalteco en este
ambiente tenso e incierto, me sentí como el coyote y vi a ACME como al Estado
que nos gobierna. Somos tan mulas, como pueblo, que aunque la tienda nos ha
dado miles y miles de productos defectuosos, nunca hemos exigido un reembolso
de dinero. Nunca fuimos al departamento de servicio al cliente y solicitamos un
cambio por un producto que funcione. Es más, con tanto historial de fallas,
nunca se nos ocurrió que nos probaran el producto antes de pagarlo y sacarlo de
la tienda. Y los de ACME (el gobierno) nunca tuvieron la sutileza de tratarnos
dignamente. Lo único que le importa a los de ACME es que sigamos consumiendo
sus productos defectuosos, que seamos la burla de cualquiera que vea nuestra
situación, y que, después de caer por un número inmenso de acantilados,
peñascos, puentes y cañones, después de ser arrollados por trenes, volados en
mil pedazos por artefactos defectuosos y aplastados por rocas y catapultas,
regresemos con nuestra ilusión por alcanzar nuestros sueños, y caigamos otra
vez en la trampa de ACME.
No sé, a lo mejor es momento, después de una larga historia
de desengaños, mentiras y burlas, que exijamos una modernización de ACME, para
que podamos, en cualquier momento que queramos, ir, reclamar y solicitar, si es
necesario, un reembolso por un producto que no nos sirvió. A lo mejor, incluso,
podríamos exigir que se terminara con el monopolio de ACME y tuviéramos alguna
otra alternativa para comprar nuestras catapultas y patines con cohetes. De esa
forma, creo, el mito ese de que podemos alcanzar el sueño de vivir en una
tierra de oportunidades pueda ser comprobado…

No hay comentarios:
Publicar un comentario